La Patria y la "glocalización"

Porque hoy es sábado septembrino los chilenos andan de parranda hasta el miércoles próximo celebrando otro aniversario patrio. Muchos de ellos salieron disparados más allá de las fronteras y otros se han movilizado hacia el lado rural para escapar de la monótona densidad anímica de Santiago.

Los mexicanos, de su lado, esperan el campanazo y grito de la Independencia a la medianoche.

Y en New México los ruidos de las miles de motos circulando por Ruidoso, en la Sierra Blanca, justifican metafóricamente el nombre: Ruidoso.

El zócalo de Ciudad de México estaba pronto para las celebraciones cuando aun no terminaba agosto. Los camiones grúas subían y bajaban paneles plateados de los tres colores, verde blanco y rojo adornados del amarillo fuerte que conforma el escudo patrio. En cada pueblo mexicano hoy sábado habrá fiestas en las plazas y muchas parejas de todas las edades bailarán con los sones de orquestas populares que han reinventado las cumbias, vallenatos y otros ritmos caribeños con un estilo más *mexicano*. Al igual que en Brasil, lo que no es propio, se nacionaliza.

En los puentes internacionales entre Ciudad Juárez y El Paso, Texas, decenas de vendedores ambulantes que circulan precavidamente hasta la placa que delimita la frontera, ofrecen pequeñas cintas o banderas, siempre en un fondo plateado.

¿Qué es Patria en estos tiempos? No lo se. Si es donde están las raíces, cultura, seres queridos, no es mi caso. Ya no se cuantos himnos patrios aprendí y cuantos olvidé.

Una vez me pregunté qué sentido tenía una vida tan homeopática como la mía. La única respuesta y que sigue siendo válida es que, si me sentía así, era simplemente porque caminaba sin ver.

Por deformación profesional y con miras a la imparcialidad, profesionalmente debía mirar sin fundirme en lo observado, apenas con los ojos y no con toda la malla celular que nos transforma en entes conscientes. A veces, mirar por mucho tiempo así, agota la capacidad de análisis y entendimiento, apabulla el cerebro, el cuerpo se tensa y el alma se alegra o duele.

Hay muchas formas de mirar. Está la mirada que clama por afecto, aun cuando desde la boca las palabras que se deslizan giran al revés de ella. Son las contradicciones flagrantes del espíritu. Es la más frecuente entre las castas exitosas de las América que se aferran a sus pequeños nichos de poder.

Está la mirada hueca de la desesperanza o el cansancio que busca inútilmente llenar el vacío de la distancia y mira hacia la nada. Esta es la más común entre los sectores populares e indígenas de las tres América.

Y hay otra mirada que es más desconcertante ya que indica el extravío mental. Abunda en calles y ciudades de los Estados Unidos y quienes la cargan son drogadictos en distintos estados de perturbación. Ha aumentado a niveles que no se cuán peligrosos sean para la sociedad.

También está la mirada huidiza del que no quiere ser desnudado y pretende ocultar sus egoísmos y miedos, pero esta es común a las otras castas. Es la más interesante, porque ella revela un escenario donde se puede jugar, o descartar cualquier juego, pero queda algo por descubrir y definir.

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