De Playa Girón a los misiles rusos

En los sucesivos periplos por tierras americanas,  dos balas incrustadas en trozos de plomo  siempre se cuelan en el equipaje.  Son restos  de las balaceras en Bahía Cochinos y que papá recogió después de aquella invasión.

Esos pedazos de metal que siempre estuvieron en alguna mesa de los innumerables livings de mi casa, tienen su historia propia, la cubana;  y otra anexa: la mía.

Mi padre fue periodista, una profesión que no quería para su hija la que, obviamente no le hizo caso. Como tal, estuvo en Cuba no una sino varias veces: antes durante y después del proceso que destronó a Batista y llevó al poder a la revolución castrista.  Digamos que su fascinación por la isla caribeña superó los hitos históricos y me impregnó tangencialmente del perfume tropical.

Con los acordes de su guitarra y rodeado de sus amiguetes, crecí cantando “Soy el guajiro alegre que va cantando, de mi Cuba, la canción….” No recuerdo cuándo fue que llegó a casa con sus trozos de plomo en vez de traerme barras de chocolate. Y al igual que hoy mi hija mira a su hijo-  fijamente a los ojos – para hacerle ver la importancia de algún hecho, él me miró a los ojos y dijo: Este plomo derretido viene de los restos de aviones que cayeron allá, en Playa Girón. No se si sentía escalofríos,  pero en los años siguientes meneaba la cabeza de izquierda a derecha (o de derecha a izquierda) delatando  contradicciones del alma entre la admiración hacia el grupo de muchachos que tumbó al dictador y el rechazo visceral a la violencia de cualquier origen.

Así fue como mi repertorio cambió a “Cuba, que linda es Cuba, quien la defiende la quiere más”. De ahí sin más, José Martí y Celia Cruz también me fracturaron.

No habían pasado tres años desde que Batista abandonó el poder cuando en octubre de 1962 se produjo la crisis más severa de la guerra fría y el mundo estuvo a las puertas de una conflagración nuclear.

La presencia de misiles rusos en Cuba – enviados por el hombre del zapatazo en la mesa de la ONU (Nikita Jhrushov) – para defender a la isla de una eventual invasión estadounidense, mantuvo a la prensa mundial en vilo y a la ciudadanía dividida entre la curiosidad y el miedo.

El 22 de octubre  el Presidente Kennedy anunció el bloqueo a la isla, a lo cual Nikita respondió dos días después  afirmando que no desviaría sus barcos…  Cierto, no los desvió pero disminuyó la velocidad de ellos, y de algún modo que me pareció un acto de magia, esa mañana leí en el diario que papá dirigía un titular: “No habrá guerra nuclear” (o algo así…)  Recuerdo que le pregunté “Papá ¿cómo sabías…?” Y me dijo socarronamente: Es que si no hubiese sido así, hoy no estaríamos vivos para comprobarlo. (Continuará)

Este artículo fue publicado en anecdotas, historia, periodismo, personajes, politica y etiquetado , , , , , , . Marcador del enlace permanente.

Una respuesta a De Playa Girón a los misiles rusos

  1. Rodo dijo:

    Jajajajajajajajaja…, Maga, qué genial! Espero impaciente la continuación

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>