En la "salsoteca"

Una cincuentena de personas usa sus cuerpos para resolver concienzudamente complicadas ecuaciones espaciales. Un semicalvo cubano arruga el entrecejo tratando de entender el rítmico: un, dos, tres…atrás, un, dos, tres… giro. Todos quedan enredados en brazos y manos…

-          “Hagámoslo de nuevo… Me bloquée….

- A ver si se me ocurre cómo terminarlo”.

- Yá!, gira a la dama, (ella se queda enredada en la mano del varón), entonces desenredamos, un, dos, tres…¡Maestro, música!.

El lugar del DJ está vacío y comienzan a resonar los ritmos: “Porque yo en el amor soy un idiota y asumo mi derrota…”

Los centroamericanos desintegran sus huesos sacros en una nube de energía empujando al corazón de la tierra….

Las paisanas que escuchan los exóticos ritmos mueven los pies pidiendo permiso al suelo.

En ese intercambio de soplos divinos  que es la respiración, soy una construcción temporal de átomos que fluyeron energéticamente y se disgregarán cuando yo me vaya. Ellos aquí y yo – no se dónde.

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