Ayuda para “no morir antes”

En Ciudad Juárez – todos los días – las caravanas de militares se cruzan en las avenidas con las caravanas mortuorias.

A veces, el difunto es miembro de alguno de las tantas policías o Ejército, y allí el cortejo es antecedido por un enjambre de vehículos con sus luces rojas titilando.

En la medida en que disminuye el comercio tradicional, aumenta el negocio de las funerarias, unas 40 empresas en una ciudad que hoy tiene menos de 800 mil habitantes y contribuyen con el 10% de las muertes a las estadísticas nacionales.

Las cifras de negocio son apetitosas: aumentaron en 1400 % lo que atrajo que, desde otros estados, las funerarias abran sucursales en la ciudad. Como también están sujetas a la extorsión de algún par de sujetos que lucen sus vistosas chaquetas, botas puntudas y sombreros de cowboy al más puro estilo “naco” (no, narco)  varias han sido ametralladas o incendiadas o ambas cosas a la vez.

Este segmento de mercado origina nuevas profesiones para los desesperados cesantes de Juárez. Son los buitres que pululan por clínicas y hospitales a la casa de futuros cadáveres. Deslizan a los acongojados familiares alguna tarjeta con números de teléfonos celulares (ya no hay tiempo para llamar a una oficina en los horarios pre-establecidos) y con cara de circunstancias ofrecen todo tipo de servicios: funerales baratos, con derecho a embalsamiento, maquillaje incorporado, traslado a la ciudad natal o al otro lado de la frontera, incineración con jarro y modelo incluido.

En una ciudad enclavada en medio del desierto chihuahuense, la violencia es el tema natural de cada día en los noticieros locales. Durante horas, los escasos periodistas que aun desafían el día a día, transmiten con voz gangosa y mecánica el listado de difuntos, con imágenes de fondo, de donde solo falta estrujar la sangre. Los espacios publicitarios son ocupados por las ofertas de supermercados y los llamados de una “ong” – Crime Stoppers y que atiende desde Estados Unidos – a denunciar a los criminales.

El estrés va consumiendo inexorablemente a hombres y mujeres de Juárez. El escepticismo se va enquistando pese a las oraciones y misas en plazas públicas. Las farmacias del doctor Simi no están autorizadas a vender psicofármacos y quien desea dormir para no escuchar ráfagas de ametralladoras aquella noche, debe desembolsar unos 80 dólares, entre las recetas y las pastillas. No todos pueden…

El temperamento cambia, el carácter se torna taciturno y desconfiado. “Hay que” cerrar las cortinas si llega el atardecer… “hay que” cerrar las ventanas durante el día… “hay que” ocultarse también de los militares. Las redadas pueden acabar con vecinos afectados por robos inexplicables.

La impunidad se establece como telón de fondo ya sea en la prensa escrita, televisiva u organismos oficiales. Los días caen inexorablemente y más juarenses también. El culto a la “Santa Muerte” aumenta, ya que ayuda “a no morir antes”.

 

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