El “pozolero”

Si hay algo en común entre el mexicano Santiago (a) “El Chago”y yo es que a ambos nos gustan los jeeps 4×4 y de marca definida: Cherokee, un lujo pasado de moda por los precios del petróleo y los tacos del tránsito, aun cuando haya quienes lo puedan financiar.

Lo conocí a través de la televisión y se mostraba impasible frente a los flashes y a los militares que lo rodeaban. Santiago Meza López, de profesión albañil, lucía unas “garras”, blue jeans y polerón, desteñidos y me pareció visualizar una mirada de desconcierto.

Lo detuvieron en Tijuana, acusado de hacer desaparecer unos 300 cadáveres a los que cocinó para desintegrar cualquier resto humano en enormes pipas, que le sirvieron de calderones. La batahola de informaciones, en los días siguientes, prácticamente hundieron hizo desaparecer las declaraciones de su madre en su favor: un muchacho pacífico, tranquilo, que aportaba al sustento familiar.

Si la prensa sufrió una crisis paranoica y lo bautizó de “pozolero”, la Justicia perpleja quedó en pañales. No había registros históricos de ese tipo de crimen, donde el sujeto sólo cocinaba cadáveres a punta de soda cáustica; los asesinos eran otros. El apenas recibía unos 150 dólares por semana para hacer desaparecer a las víctimas del cartel de Tijuana. Claro que aumentó la demanda, fueron más sus horas de trabajo y acabó como empleado del cartel de los Arellano Félix. Su record le garantizó varios años de trabajo.

Dicen que el FBI lo tenía entre los 20 más buscados… y nunca mató una mosca.  En medio del horror nacional que asoló a México de Norte a Sur y de costa a costa, aportó lo que sabía y que no era mucho. De su cara inexpresiva, nadie sabe si por tener limitaciones neuronales o exceso de sangre fría, salió una frase: “Podrían haber muchos “pozoleros” más en el territorio”.  ¿Por qué no?, los desaparecidos suman miles.

Menos tiempo le llevó a la farándula transformarlo en un hit musical. Los tan cuestionados  narcocorridos ya cuentan con dos canciones en su homenaje; en una lo califican de cocinero y en la otra en una especie de cowboy que va y viene a bordo de su Cherokee blindada.  Por cierto, le otorgan una estela de heroísmo que jamás tuvo.  El “Corrido de Santiago Meza” destaca en su letra la “astucia del sicario” para escapar de las autoridades, aunque no hay informaciones previas de que haya sido buscado. Vale decir, lo agarraron por chiripazo, al igual que a “La Barbie”, un estadounidense que aprovechó sus conocimientos bilingües para insertarse en el núcleo del poder del narcotráfico.

Según un diario mexicano, parte de la letra dice: “Si quieren cazar la presa, tienen que saber llegarle, le dicen Santiago Meza, a los que querían matarme…. En mi Cherokee blindada, ahí siempre traigo con qué, no me importa si es que ofendo, aunque enemigos me sobran, pues nomás ven que vengo, los espanta hasta mi sombra”.

El grupo Explosión Norteña que ya ha sufrido atentados por su línea musical poco ortodoxa, interpreta “El Cocinero” un narcocorrido que tiene como personaje central a Meza López. Parte de la letra dice: “Qué sorpresa me tiene, cuando me miré al espejo, tenía manchones de greñas, juro que no me arrepiento, de profesión cocinero, así vivo más contento… “

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