XIV The Guachaca Summit ó “Humildes, cariñosos y republicanos”

Me gusta patear el Persa del Bío Bío y recorrer Patronato, allá en el barrio La Chimba. Por 100 pesos me como una sopaipilla tomando el sol del otoño junto a un carrito que además, vende mote con huesillos.

No se si alcanzo el puntaje para entrar en la categoría de guachaca y saltarme ese molesto mote de cuica, al que ataco con saña cuando alguna congénere me pregunta con voz cándida: ¿Y no te da miedo andar por ahí?

A pesar de mi rechazo a la idea de escoger “reina” del evento, hoy, mi amigo Tote y yo intentamos recrear una noche guachaca en la Estación Mapocho. No estoy de acuerdo en mostrar la hilacha con resabios imperiales de elección de “reina” porque creo que se debería elegir a la Misia, que la imagino morenaza y curvilínea, con todos aquellos excesos de proa y popa que la Naturaleza no me otorgó pero que recuerdan a Lukas cuando graficaba el espíritu chileno en sus insuperables caricaturas.

La última vez que fuimos, “apatotados” como corresponde a los connacionales, entre cumbias y cuecas se armó una pareja  que duerme bajo el mismo techo y contra  cualquier vaticinio, sobrevive hasta hoy. Sospecho que esta noche no asistirán porque ya los debe haber agarrado el sistema,  que aprisiona con los dogmas de los GCU (Gente Como Uno) de la socialité chilena.

Alvarito estará ausente de este Summit, pero no porque ande por el sudeste asiático sino porque está fuera de Santiago “nomás”. Me ha enviado dos mensajes graficando  su vía crucis por intentar aguachacarse. El primero, relatando que iba en una micro apretujado por los huasos de la zona central al punto de no poder usar su blackberry. Y el segundo, desde un mercado de la región, tragando un plato de porotos ¿con mote?, ya no recuerdo.

Ya me bañé y perfumé y estoy a la espera de que aparezca “el Rodo” para encontrarnos “en patota” con algunas amigas y amigos que reuní después de una acuciosa “disección” virtual, que no se conocen entre ellos y los que prometieron no faltar.

Pese a la insistencia del Tote, Felipe declinó de participar. Al fin y al cabo, su auto está en pana y además ni él ni el auto han superado la frontera de Plaza Italia y menos la del rio Mapocho. Desde que traté de explicarle la línea entre El Paso y Ciudad Juárez, dividida por el Rio Grande,  ni siquiera intenté invitarlo… no me entendería.

El Tiradentes en cambio, con ese estilo insuperable, respondió amable y cariñosamente que su actual misantropía le hacía estar distante de áreas congestionadas. (Digamos, populacho).

Las más proclives a participar son mis amigas que si bien tampoco conocen ese lado de Santiago, cumplen fielmente con el lema de: “Humildes, cariñosas y republicanas”. Espero ver allí a “la Sole”, a “la Corito”, a “la Aggie” entre otras y contemplaré mefistofélicamente al Tote que se sentirá confundido de entrar al mundo femenino del cual, “el Rodo” ya aprendió: “Ya entendí…Pasarla bien es eso… pasarla bien, sin pensar que en cada encuentro puede aparecer por fin la mujer de mi vida”.

Por esta noche, el Rodo olvidará sus balizas gringas para intentar demostrar su espíritu republicano. Y yo saldré de mi milpa sin huaraches, cantando mentalmente a los ausentes: “Pedro Navaja tu estás peor, no estás en ná”

 

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