Las tristezas fronterizas son diferentes

Así lo muestran las miradas de los *white trash* de este lado de la frontera que deambulan por las centrales de buses que tienen la mirada perdida sin saber para dónde y por qué van o vienen.

Educadamente están a la caza de algún dólar, sea para una falsa llamada telefónica o la también falsa frase *para completar el mínimo de la gasolina*. Aquí no hay mendigos.

John es un tipo musculoso al más puro estilo Schwarzeneger y carga una enorme mochila donde esta todo su patrimonio. Podría ser un actor de cine pero viene de Florida rumbo a Arizona sin saber muy bien que hará. Sentados en la central de buses de El Paso, Texas y mirando paredes descascadas, me pregunta que música estoy escuchando.

– Brazilian, respondo a secas.

– Voce fala portugués?, exclama con sorpresa.

Y sigue… tengo una casa en Diadema (Sao Paulo) y viví allá por muchos años…

(Qué m… haces aquí, me pregunté mentalmente).

Se nos acerca un flacuchento que carga otra impresionante mochila y le pregunta a John de qué hablamos. El explica y luego la conversación deriva en la *buena de vida* del siglo pasado con grandes músicos tipo Iron Maiden y otros conjuntos excepcionales como los Bee Gees, remontándose hasta los – también australianos – Beach Boys. (Me extrañó que no se mencionara a Lennon y otros, tanto o más famosos)

No pude quedarme con la curiosidad de saber que haría John en Arizona, uno de los estados más racistas y xenófobos de los Estados Unidos. Simplemente dijo – No se. Y me mostró el otro lado de su cara donde una pequeña cicatriz era la huella del balazo que había recibido en Florida cuando entraron a asaltar un 7 Eleven y dio la mala suerte de estar allí. Después de dos meses en un hospital, optó por abandonar su trabajo judicial y largarse a vivir *de otro modo*.

Don Manuel es fornido y bigotudo como parecieran ser todos los habitantes del norte rico mexicano. Vive en Farmington o donde colindan cuatro estados. Después de viajar 26 horas en un bus desde Ciudad de México, espera pacientemente el próximo que lo lleve a casa.

  • Hace veinte años que hago este viaje pero – fíjese – parece que es más barato en avión por lo que me dijo un hijo. Completaré unas 50 horas de viaje cuando llegue a casa y me gusta hacerlo. Estoy contento de volver. Me pasé tres semanas en Ciudad de México con la familia y eso está terrible.

Para mis adentros comparo Ciudad de México y Farmington. Obviamente, el lugar desértico y aburrido donde él decidió echar raíces concentra sus bienes que harto debió sudarlos, sin sufrir de la violencia o tracalerías del cotidiano mexicano.

Este artículo fue publicado en anecdotas, mexico y etiquetado , , , , , , , . Marcador del enlace permanente.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>