The Chilean Way o Guachaca 101

Después de 72 horas en el sur, intentando “aguachacarse” con todas las de la ley, Alvaro me envió su informe que lo gradúa como “Guachaca 101”; o sea, en la introducción apenas…

En el entretiempo, divulgué la declaración Guachaca urbi et orbe. Desde tres continentes me llegaron respuestas adhiriendo – íntegramente – al texto que piratée de la página web. Justo cuando mis amigos y yo nos desembarcábamos silenciosamente.

Pero no somos como el refrán aquel del “Capitán Araya…” Nop!, nuestro romanticismo acabó después de pagar a un revendedor más de 100 devaluados dólares (convertibles en moneda nacional) en ingresos a la estación Mapocho, la noche del sábado. Lo que debía ser una celebración de la chilenidad fue una escena cercana al infierno de Dante: miles de personas aturdidas por los gritos destemplados de altoparlantes descontrolados y entre ellas, mirándose las caras,  imposibilitadas de hablar o escucharse.

Ni siquiera necesitamos hacernos señas para dar la media vuelta y salir corriendo hasta los portones, custodiados por cancerberos intragables.

Pero los ánimos no decayeron y desafiando avenidas, cruzamos imprudentemente para subirnos a la camioneta de la Sole enrumbando a algún antro de la zona. Nuestro “via crucis” fue corto y simpático. Hasta las cinco de la mañana transpiramos sacudiendo el esqueleto en una salsoteca. Y en medio de bachacas y cumbias nos reímos hasta que nos dolieron las mandíbulas.

Cuando me recuperaba de la noche danzante, Alvaro seguía en su propio “vía crucis” que lo llevó a bordo de micros abarrotadas, de olores a mercado a la hora del cierre, de cervezas que nunca consiguieron la temperatura adecuada. Es decir, otro semi-infierno de Dante en un Chile menos cuico y que quiere ser “turístico”.

He aquí su resumen:

-         A lo que te conté, le siguió en el mercado un chacarero con peUre (nótese que no es pebre)  papas fritas rancias al desayuno en el terminal de buses y vaso de peKsi  (No, no es pepsi, oye).

-         Y ahí, estaba yo, muy sentado entre olor a fritanga asumagada, olor a brasero (y otros perfumes menos nobles).

-         Vidrios mojados por dentro, piso “flexit” manchado, pollos que sudaban grasa en la parrilla y un viejo que sorbeteaba te al lado.

Como me pareció una escena conocida, recordé el sarcasmo de Felipe cuando compara el turismo en Argentina y en Chile.

Alvaro me trajo a la realidad…  “Después de eso, no encontré ni taxi ni farmacia para comprar un “Yastá” contra la acidez…”

El hotel donde alojó tenía una cama de media (1/2) plaza, frazada con relleno acrílico, el televisor carecía del control remoto. La calefacción iba por cuenta de la estufa de gas con la correspondiente caja de fósforos, pero sólo había uno en la cajita y al prenderlo, el balón de gas estaba vacío. “Se apagó de inmediato”.

Escuchándolo, se me engriparon las tripas, me dio taquicardias pero mi solidaridad pudo más y alcancé a oírle: … el papel higiénico era como esos “confort” de antes ….. que poco faltaba ver los trocitos de diario molido ….. ouch!

En aquel segundo, cuando las neuronas hacen su trabajo y hay una abrupta y desagradable comprensión de la compleja realidad, me salvó una frase que se me vino a la mente. “¡The Chilean Way!”

Mi amigo es generoso… hasta me dio las gracias por animarlo en el intento. Pero me advirtió que renunciará a cualquier título criollo y el próximo fin de semana se refugiará en el Ritz, para recuperar las energías perdidas frente a los desafíos que le puse por delante.

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