Einstein en el país plástico

Mi amigo Marco – alias el “sapo” Zúñiga – escribe en su Facebook: “En la farmacia me piden el RUT, me niego y además les pago en efectivo. Coludidos y traficantes de datos personales no van conmigo”.

Le comento que será una lura y larga pelea. Responde: “Hay que empezar a darlas”.

Por cierto, si dos décadas atrás el Paseo Ahumada era la vitrina necesaria donde encontrarse con todo tipo de amigos, hoy es Facebook el que lo reemplazó, pero sin el tiempo ni el espacio para lanzar conversa afuera y café adentro.

Un investigador dijo hace pocos días que el petiso, risueño y chascón Albert Einstein tenía razón: “En el Universo de Einstein  el espacio y el tiempo son deformados por la gravedad. ….”

Cargo con una oculta sospecha de que Chile tiene un tipo de gravitación distinta al resto del planeta. Y ésta no parece afectarnos. Podemos volvernos etéreos y ligeros viviendo nuestras vidas sin sentir el peso de la mochila que cargamos, repleta de tarjetas plásticas.

En menos de seis meses ya repleté mi antigua cigarrera con todo tipo de tarjetas y cada mañana despierto cuando suena mi teléfono y alguien pregunta: “¿Se encuentra Max Hilton?”. Mantuve la serenidad durante una semana y contesté cordialmente la respectiva llamada matinal y vespertina hasta que me harté de responder que nadie con ese nombre vive en esta casa.  Pero estas se sucedieron durante cinco meses, implacablemente pese a mis protestas que incluyeron respuestas bravas con connotaciones groseras en varios dialectos sudamericanos. Ni la chingada, ni las lisuras ni el “coño, vale…” o las acusaciones de inoperantes, valieron.

La telenovela diaria no terminó allí. Una airada mandataria del call center respectivo me aseguró que yo debiera hablar con la empresa proveedora de telefonía porque mi teléfono – con certeza – era robado…

¿Cómo hacerle entender que el tal Max Hilton tiene visos de no ser nativo de esta angosta faja y a lo mejor, podía ser primo de la Paris Hilton?. Pero en ese caso, no viviría en La Florida, comuna que registró el malandro ante la cadena farmacéutica. Y así no supe en qué momento a los ojos de la funcionaria me transformé en sospechosa.

Volviendo a la Física, tema afín a mi amigo Marco, en Chile el país se divide en dos: los neutrinos y fotones. Los primeros, desde su estado cuántico, se creen con el derecho de traspasar de manera colectiva todas las barreras de la buena convivencia. Y los segundos, se limitan a girar en su invisible e imaginario spin, intentando replegarse sin mucha alharaca.

Cuando voy al registro Civil – a hacer algún trámite de rigor – me siento un fotón escapando de un invasor neutrino, que insiste en que un extranjero debe ir a un consulado chileno en el exterior, a sacar un RUT que permita rectificar una partida de nacimiento. Es inútil hacerle entender que la lógica dice que un extranjero no puede tener RUT chileno, huella carbónica de que existimos…

Las tarjetas de plástico y el RUT sirven para mover la economía chilena con las necesarias exclusiones que determinan los gobiernos de turno:

La Constitución dice que todos los chilenos tienen derecho a voto, pero el RUT no vale si un chileno vive en el extranjero. Así hay que entender que el RUT es territorial, lo cual confirma la teoría de Einstein que nos deja ingrávidos y poco gentiles.

Sin el RUT no podría tener cuenta bancaria. Y en caso de robo de los talones de cheques, lo necesito para bloquearlos. Y si el banco bloqueó – por distracción – el talón reservado en casa y permite que sigan circulando los cheques robados, no podría firmar un documento que dice que el banco queda exculpado del evento.

El RUT determina el bono por hijo para cada madre chilena. Si no se ha nacido entre los años tales y cuales, no vale. (Y no es el momento de comentar los otros condicionantes).

Sin el número de RUT el gobierno no podría saber cómo irá escalando en varios años – condicionantes de por medio – el no cobro del impuesto Fonasa a los jubilados.

Si no fuera por el RUT, no habría descuentos en las multitiendas ni se podrían acumular puntos para premios insólitos e inservibles. Me he dado el trabajo de sacar una tarjeta comercial para aprovechar el 5% de descuentos en una compra de algunos centenares de dólares. Y el vendedor se quedó perplejo cuando rompí la tarjeta en sus narices, una vez efectuada la compra. No era una agresión a su persona y se lo expliqué delicadamente. Respiró aliviado.

A mí el RUT me “cazó” cuando era estudiante preadolescente del Liceo Nº 1 de Niñas Javiera Carrera. Hasta allá llegó el Registro Civil a implantar su versión Beta.

Marco, me resigné…. Ahora ando buscando una segunda cigarrera metálica donde pueda guardar mi colección de tarjetas plásticas; y sólo me dedico a constatar la publicidad engañosa, con el listado de condicionantes, que contiene cada proyecto de ley.

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2 Respuestas a Einstein en el país plástico

  1. MAS dijo:

    jajajaja, estoy seguro que nuestro común amigo Marco, no podrá entender de donde sacaste una cosmología tan extensa a partir de un pueril comentario de rebeldía juvenil
    Abajo el RUT, viva la clandestinidad!!!

  2. magalegria dijo:

    Te apuesto a que ni se ha enterado… vive como el sapo cancionero mirando a la Luna, jajaja

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