Notas de viaje: Frida Kahlo

El museo de Frida Kahlo se llama así pese a que fue la casa donde vivió con Diego Rivera por varios años. Allí también llegaron León Trostky y su mujer el año 37 cuando ya se había desencadenado lo que se podría llamar La Guerra de los Pintores, ya que mientras Rivera ayuda a Kahlo a asilar a la pareja en México, Siqueiros se dedicó a elaborar complots para matarlo.
Hay una silla de ruedas donde Frida debió haber pasado largas horas pintando sus dolorosos cuadros. Frente a su silla, sin embargo, hay un atril con un cuadro en desarrollo: la figura de “papá” Stalin, el mismo que mandó a matar a su ex – amor León Trostky. Cuesta entender tamaña contradicción.
La biblioteca de ambos tiene títulos sugerentes. La de Diego con un enorme volumen del Canto General de nuestro Neruda, se mezcla el hinduismo con el marxismo, las familias Carvajal y Borgia. Para desconfiar… una Arqueología Agustiniana.
La casa de Frida recoge sin tapujos sus experiencias de vida y recuerdos, incluyendo el nombre de Maria Bonita (Maria Félix) pintado en uno de los dormitorios, una de sus supuestas amantes.

No así la de Trotsky cuya casa-museo es espartana, austera, esquiva respecto de sus gustos. Pareciera que Trotsky le entregó sus hijos y familia a la vida (casi todos asesinados) pero no dejó que nadie entrara en la suya.

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