Las clases medias y sus “estúpidas” máquinas

Miriam y yo hemos hecho un pacto: no hablar de política. Nuestras visiones son demasiado diferentes y prefiero callarme sin opinar de lo que no se. Ella en cambio, se sabe todos los recovecos ya sean de la oposición o del gobierno. Su balance obviamente está por el apoyo a la “negra”, como trata despectivamente los sectores oligárquicos a su Jefe de Estado. Y esta semana, una revista se ha dado el lujo libertario de caricaturizarla como vedette de un film XXX en un fellatio imaginario.
Mi amiga y yo estamos rodeadas por adversarios al gobierno que se sienten atropellados en sus derechos básicos, by ex: comprar dólares para viajar al exterior. Recordando las villas miseria que bordean las ciudades, me pregunto con sorna cuál es el derecho básico de ellos pero las respuestas no me llegan.
Ayer hubo una manifestación de miles de personas, como años que no se veía, en las plazas de las ciudades principales. Acá en La Plata no superaron las cien personas. En Buenos Aires, la convocatoria hecha a través de las redes fue multitudinaria, con cacerolas, banderas argentinas en rechazo a las pretensiones de modificar la Constitución para que Cristina postule a un tercer Gobierno. En rechazo también a la inflación, a la pesificación, a la delincuencia, a pagar impuestos y a cualquier lacra social que afecte a la clase media.
Digo clase media sin ánimo peyorativo. Al fin y al cabo, es la clase media europea de los “arrondissement” más pudientes de Paris la que va cuesta abajo en la rodada. Y es la clase media estadounidense – aquella que también trabaja en Walmart o Subway – que patalea en los vaivenes económicos; la clase media mexicana se desliza desde el otrora pudiente Polanco a una marginalidad social y económica – aún entre médicos – que otorgan sus servicios desde un cubículo de un supermercado.
En la Plaza de Mayo porteña así como en la egipcia Plaza Tahrir , los convocados son propietarios de adminículos electrónicos. En Buenos Aires a todos se les veía vestidos “comme il faut”, escaseando las cabezas morenitas pero sobraban los celulares para autofotografiarse, autoconvocarse, no separando la vista de esas cajitas esúpidas.
No hubo oradores, no hay padres de la criatura aunque repetitivamente se gritó para que termine la Era K-K. Fue una respuesta visceral y primitiva al uso – a mi entender excesivo – que hace la abogada Presidente de los canales de TV, en discursos también maratónicos. Si hasta el siglo XX la autoridad usó de los medios de comunicación para hacer saber sus órdenes sin derecho a réplica, en este siglo infantil la población usa sus armas electrónicas para manifestar sus reclamos contra un poder sordo.
Digamos que el estado de ánimo de los argentinos no es el más auspicioso aunque mi resumen de vida – por los años que viví acá – es que cuando un argentino está bien, llora “por si acaso”.
Ya estuve en Argentina en un “pre golpe de Estado”. Sería una ironía kafkiana encontrarme de nuevo en una situación así. Miriam muestra cara de preocupación y le parece que “están dadas todas las condiciones”. Yo la trato de animar: Me parece que las instituciones históricas, como unas Fuerzas Armadas – bien apertrechadas y vasocomunicantes con otros segmentos sociales – no existen. Pero si así fuera, hoy tal vez tendríamos toque de queda y bandos militares. Claro, quedan los Boys Scouts… Y bueno che, en Argentina nunca se sabe!

Este artículo fue escrito en Sin categoría. Enlace Permanente.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

*

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>