El “Libro Verde” y los machistas

En 1981 Venezuela acogedora y casi cosmopolita, aun repleta de petrodólares, fue anfitriona de la Conferencia Internacional del Club de Roma. Club que para entonces y a mi entender, estaba integrado por los locos más cuerdos del planeta. Mi tarea periodística debió continuar en el exilio por razones inherentes a la época.

Digamos que el mundillo político caraqueño se tiñó de nuevos bríos con la proximidad del evento. Muchos esperábamos la agenda que incluía una innovación en materia de telecomunicaciones. Se haría una teleconferencia en vivo con Muammar el-Gaddafi (por aquellos tiempos sólo: Kadaffi), el que diría cuántos pares son tres moscas.

En el último minuto el vocineado discurso del coronel libio fue vetado por las autoridades. Los organizadores de esta conferencia, algunos ex guerrilleros que habían sido exiliados a Europa con una tarjeta de crédito en mano, se quedaron con los crespos hechos y yo con una copia de su minúsculo Libro Verde,  el que por cierto utilicé ancha y sarcásticamente en mis discusiones con la plaga de machistas que asola en Continente.

Les pedía – y aseguraba que yo también buscaba a mi “héroe”- que llevaran a la práctica el mismo trato que Gaddafi propone para las mujeres de su país: recluidas en casa, abundantemente provistas en todo orden de cosas por sus machos porque la “frag¡lidad” femenina así lo exige.  Con los años comprobé que Gaddafi no tiene muchos seguidores por estas tierras porque ningún macho quiere asumir el rol de proveedor, más aun cuando las crisis económicas se suceden con más rapidez que las estaciones del año.

Se fueron al tacho mis ilusiones alimentadas por la educación “just middle class” y el Libro Verde. Aprendí que es muy difícil que Mr Frog, el sapo, se transforme en príncipe.

Así, mientras el viejo y decadente Khadaffi arremete demoliendo a los rebeldes de su propia población, yo pizpiretamente me empeño en demoler las paredes del racionalismo donde se han atrincherado mis “príncipes” de todas las latitudes, que me ayudan a sobrellevar la globalización.

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