“Whatever”

Desde la Noche de la Iguana, mamá regresaba a Estados Unidos.  La metáfora vale en la medida en que el calor es permanente y la humedad, constante en Puerto Vallarta. Cada poro exuda sus líquidos y el aire tiene ese olor a moho y a fruta rancia. Las díscolas tormentas anegan las calles y edificios y espantan con rayos y relámpagos cuanto bicho circule en la – hoy- escasa vegetación. El océano somnoliento y gris espera la puesta de sol calmadamente. El lugar donde se filmó la película con Elizabeth Taylor y Richard Burton es hoy un sitio turístico; venido a menos, pero turístico aun.

Después de ver el pronóstico del tiempo, opté por atrasar mi descenso de las montañas por unas horas. Casi 40 grados Celsius en la llanura… (Para cualquier habitante de este territorio el clima es más importante que cualquier guerra, sea en Irak o vecindades) El Wheather Channel informaba de tormentas escasas, tormentas normales, tormentas fuertes…. Siempre tormentas.

Bajar la montaña lleva una hora a velocidad de crucero, (110 a 130 kms por hora) y desde casa al El Paso del Norte, (vulgo El Paso, Texas) hay unos 300 Kms. Juárez está al lado, separada por kilómetros de alambradas, patrullas fronterizas y por un río que alguna vez o tarde, mal y nunca fue o es Grande.

De Vallarta a Guadalajara el viaje en avión es de una hora y desde allí la señora a la cual iría a esperar, mi madre, tomó la conexión a Ciudad Juárez. ¿Quién no ha oído hablar de Ciudad Juárez, Juárez o Juarito para los cercanos? Pocos. La ciudad se caracteriza por tener el record de mujeres asesinadas en los últimos años.

Lo que no se dice de esa Frankestein fronteriza, mezcla de urbanización gringa y pobreza latinoamericana, es que está enclavada en medio del desierto y es fermento de un nuevo modelo de subdesarrollo. Fue una de las ciudades que más creció en el territorio mexicano y las maquileras se rodean de condominios, Malls y todo aquello que conocemos.

Entrar a México desde Estados Unidos es muy fácil. Basta con apuntarle a la autopista 54 y salvo algunos guardias que controlan el paso de los camiones, no hay mexicanos a la vista. Así se desemboca de una vez en la Avda. de Las Américas y una media hora más tarde se llega al aeropuerto. En un viaje anterior, no entregué el papelito por el cual pagué 23 dólares para tener derecho a permanecer tres meses en el territorio. No fue olvido. Simplemente me bajé del avión y le pregunté a un guardia a quién debía entregar la visa; el sujeto levantó los hombros y se dio la vuelta. Me fui a casa con mi papelito en mano. En otra ocasión pasé por el edificio pero cerraban a las 4 de la tarde, así que quede con el pecado en el cuerpo.

Al viaje siguiente, rumbo a Vallarta, había un oficial de la migra antes de la manga de embarque. Solicité las visas correspondientes para mamá y yo y expliqué que no había entregado la anterior. Mamá obtuvo su visa y a mí me mandaron a pagar una multa de 5 dólares por cada día que había pasado desde el vencimiento. Cuando hay un avión esperando, es muy inoportuno hacer un trámite.

El oficial que esperaba mi decisión de tomar o no aquel avión, me distrajo preguntándome si me había gustado Ciudad de México… Lo miré, intentando saber de dónde venía aquella pregunta. Lo volví a mirar y recordé que era el mismo que me había otorgado la primera visa por la que me penalizaban!  Luego de muchas vueltas, le prometí que al regreso cumpliría con todos los requisitos básicos: pagar la multa y entregar el papelito a la salida del país. Aceptó el trato pero casi tuve que exigirle que me diera una nueva visa. A él, no le parecía necesario…. Rota la magia del reencuentro, a regañadientes me dio el formulario pero escribió a lo ancho que debía pagar la multa de la visa anterior.

Desde ese incidente hasta ayer, habían pasado algo así como 4 mil y tantos pesos mexicanos. O sea, unos 400 dólares…

Esta vez, como iba con tiempo, decidí que era hora de regularizar mi situación migratoria y bajo un sol donde hasta el polvo transpiraba, fui a las oficinas fronterizas. Ya estaba al tanto que solamente el Subdelegado podría reducirme la pena monetaria… Resignadamente decidí que sería apenas una incursión para ver en cuánto iba mi multa porque quienes conocen mi anecdotario, aun no recibía mis ingresos debidos y dinero no tenía.

El subdelegado, coleccionista de piedras semipreciosas de Sinaloa, revisó todos los papeles, hizo sus cálculos y me condenó a los 4 mil y tantos pesos mexicanos. Le respondí que lo pagaría en otra ocasión. Como subdesarrollo es subdesarrollo en cualquier parte, lo sensibilicé respecto de nuestras condiciones profesionales, que dependemos de pocos ingresos, etc. (Ustedes saben!). Después de un largo silencio me rebajó la pena a 800 pesos.

-          Ni modo, respondí en mi nuevo lenguaje mexicano. Creo que debo tener unos 700 pesos y no más de 50 dólares…

Reflexionó en alta voz… :

-          No puede pagar en dólares, la mandarán a cambiar el dinero…

(Más reflexiones mutuas).

Y mientras incautaba mi pasaporte me propuso ir al jeep y pagar los 700 pesos en Banamex, “que está ahí al frente de donde usted estacionó”.

Hecho el pago, volví a recuperar mi pasaporte el que me devolvieron con una hoja tamaño oficio donde me cursaron una multa por atentar contra el Ministerio de Agricultura. (¿) Según el documento, mi nombre es algo diferente, soy de nacionalidad: “norteamericana” y tengo 15 días para contestar la multa….

No soy estadounidense pero sí americana. Para los mexicanos y autoridades gringas o *gabachas* o se es “norteamericano” o “mexicano”y allí acabó el planeta. Cualquier otro país sólo amerita levantar los hombros, si el funcionario está al sur del Río Grande o un “whatever” si es del otro lado.

Mama bajó del avión pero no transpiraba como en Vallarta, aunque estaba roja por el sol quemante. Al caer la tarde nos dirigimos al Puente Córdoba derechito por la Avda, Las Américas… Esgrimiendo la visa que debe ser entregada en los puentes fronterizos según la ley mexicana, fuimos buscando entre los 8 canales de unos dos kilómetros de vehículos oficiales y/o garita de la *migra*. No hay.

Pero en sentido contrario, o sea de los que llegan desde USA, si había. Y muchos. Un sujeto que se dedicaba a la compra-venta de dólares nos indicó un retorno donde podría preguntar a los oficiales mexicanos donde entregar el documento. Al tratar de cambiar de canal, entendí la palabra *h de la chingada…*

Un texano atento me dejó pasar y cuando estacioné premeditadamente en lugar prohibido para llamar la atención de un oficial, casi me cae medio ejército. Quienes conocen el juego de la gallinita cruzando la calle, podrán entender a los guardias deteniendo el tráfico en tanto dos pájaras –mamá y yo – íbamos dando saltitos por los 8 canales de autos y camiones. Volví al mismo lugar donde trabaja el coleccionista de piedras de Sinaloa. No estaba, pero me di el gusto de dejar constancia con su reemplazante que la ley no tiene normas claras: a la salida del país NO EXISTEN OFICINAS….

 

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