Mi “Terremoto” tecnológico

Estoy viviendo el reality show tecnológico más espectacular que me pudo haber pasado.
Al regresar de Chile a Ciudad Juárez, la ciudad más peligrosa del mundo según los medios, creí caer en un verano candente y aburrido. Pero no, ha sido una semana inolvidable gracias a la tecnología.

A modo de explicación, mientras estuve en Perú y Argentina no tuve problemas informáticos. Llegando a Chile tuve que acudir a los pc´s de amigos o cibercafés entre el centro y Provi.

De las múltiples actividades, sólo en una ocasión algo me pareció sospechoso y como se trataba de mi banco, acudí directamente a la sede a hablar con la ejecutiva.
Obviamente, la atención de la plataforma fue a través del teléfono de mi ejecutiva y obviamente comenzaron las preguntas de rigor, más rigurosas aun si son técnicos que atienden específicamente a mujeres. (Para los que no saben, esos jóvenes utilizan un lenguaje a veces “cazador”, otras “melancólico” mezclado con comentarios que denotan fastidio cuando el RUT pertenece a una mujer. Pareciera que cualquier mujer le recuerda a su madre aunque no sea mi culpa)

Volviendo al tema, salí del banco superforrada en recomendaciones tecnológicas de no abrir una página “sospechosa”, con lo que ni tomaron en cuenta el tiempo que gasté en el viaje que me di hasta la sucursal bancaria.

De madrugada en Pudahuel agarré mi vuelo de 16 horas y al día siguiente quise acreditar mis millas en dos compañías que usé. Otro rollo. A la primera compañía aérea a la página web le faltaba la amabilidad y le sobraba imagen. (Largo tiempo para acomodar la información) Y a la segunda, la inutilidad de la página era exponencial a la imagen. (Menos tiempo porque no había nada que hacer)

Limpié el historial de navegación antes de irme a dormir y al día siguiente mi página apareció bloqueada exigiendo clave…
Llevó dos días de tramitaciones entre Google y Gmail hasta obtener una nueva clave, recuperar “mi vida” (archivos, libros, etc.) pero desaparecieron los contactos.

El proceso de recuperación es mínimamente bizarro. Debemos saber en qué fecha – día mes y año – abrimos la cuenta. Dar direcciones electrónicas alternativas, direcciones de contactos frecuentes y además, acordarse del nombre de otras 4 etiquetas o archivos contenidos. ¿Alguien se acuerda?

En tres días de interrogatorios y formularios ya entran las dudas y paranoias y la mente comienza a navegar hasta los límites de una conspiración. Que dicho sea de paso, no descarto, sin ser yo la “conspirativa”. Digo esto porque los buscadores no sólo buscan lo que nosotros queremos sino además lo que ellos quieren saber de nosotros.

Mis hábitos descartan la existencia de las fronteras hasta que me meto a un PC que insiste en preguntarme en qué país estoy. ¿Y a ellos qué les importa? ¿Acaso la tecnología no ofrece la ubicuidad? Pero no, les da con que informe.
Y con eso sólo he ganado que cuando quiero leer un diario brasileño el buscador se va para Chile…y en USA la pantalla me diga que no puede encontrar un site chileno y desde México me impide ingresar a Live.com a la página de un amigo gringo.

Mi libertad se siente aterrorizada y lamento que Aldous Huxley no esté aquí para vivirlo en carne propia.

Todo lo anterior fue causado por un correo – en inglés – que circula en Internet desde el año 2009, se enquistó en mi libreta de direcciones y les cayó a mis amigos desparramados por doquier. Dicho correo comienza con una siútica frase sobre “lágrimas que corren por mi rostro” porque he sido retenida en Hyde Park, Londres, y debo viajar en apenas 3 horas pero debo pagar previamente unos 3 mil dólares de “rescate”.

¡Gracias a ese mensaje he aprendido muchísimo! Comenzando por la cantidad de correos y llamadas telefónicas que han recibido mis familiares en USA y amigos de todos los ángulos de la Rosa de los Vientos: Vietnam, España, Brasil, la América hispana, los Yunai, etc.

Los mensajes más serios son de amigos que se estaban poniendo de acuerdo para “rescatarme”, otros pedían explicaciones pero en español. Más de alguno quedó perplejo por mi excelente inglés, (ignorando de paso “mi estilo”).
No faltó el que me escribió: A mi me carga ese asunto de ubicarte dónde estás.

Aunque a algunos la historia no les gustó (“No, la próxima vez que te roben la cuenta diles que sean menos obvios, no se puh algo como que te raptaron unos albanos y que te están enviado a Uzbegistán para venderte en el mercado de trata de blancas más grande del mundo”)

Otros dijeron que me habían mandado el dinero desde cada una de sus cuentas, con lo que daba para cenar en un muy buen restaurante (“Por lo menos a los que depositamos en la cuenta de las islas Caimán nos podis invitar a comer más que sea!!!).

Hubo alusiones políticas a otro reputeado detenido en Londres. Y hasta cayeron esqueletos del closet con la reaparición de algún “ex” del que había olvidado su existencia.

Por mi terremoto tecnológico me han recomendado que baje mis niveles de ansiedad y angustia – independientemente del secuestro – y jugar a la Lotería porque lo que me pasó, sucede a muy pocos.
O sea, estoy con suerte… (Sólo le pasó a uno de toda mi lista y también las vio negra para salir del lío)
Y por último, no faltó el pragmático que me escribió: “ Bueno, así aprovechas de re-seleccionar a tus amigos…..”

Y aquí ando aún… recuperando a mis amigos

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